Sunday, February 10, 2013

El Mejor Regalo


La costumbre del anhelado regalo de cumpleaños se remonta a tiempos bíblicos. Herodes celebraba su cumpleaños con un baile de Salomé quien pidió ser remunerada nada menos que con la cabeza de Juan Bautista. Dos milenios después, Marylin se contorneaba en un brillante y ceñido vestido para agasajar a un novel presidente norteamericano. Hace un año, por fin recibí los parlantes para mi iPod.
Cuando los economistas comentan sobre la tan humana costumbre de obsequiar, generalmente lo hacen para apoyar el beneficioso efecto del gasto en la macroeconomía. Sin embargo, una importante arista olvidada en el proceso es que la decisión de compra la hace una persona distinta al consumidor final. Un aspecto microeconómico importante del regalar es que el obsequio puede estar desajustado con las preferencias del receptor.
Quien invierte, por ejemplo, $10.000 en un regalo, en el mejor de los casos, replicará la decisión de gasto que el receptor habría tomado con esa cantidad. Nadie sabe mejor que uno mismo lo que quiere por lo que, el escenario más probable, es que el regalado obtenga un beneficio inferior que si él mismo hubiera tomado la decisión de consumo con el billete azul.
Por lo tanto, el regalo más eficiente debiera ser dinero. Sin embargo, el beneficio percibido del regalo no es sólo por la utilidad de su contenido. También valoramos la señal que nos entrega de cómo nos percibe el regalador. En agosto pasado, un amigo tuvo la mala ocurrencia de regalarle una “giftcard” (lo más parecido a regalar plata) para el cumpleaños a su recién estrenada novia. No llegaron a fiestas patrias. El regalo no decía mucho al momento de señalar cuánto cariño mi amigo le tenía a la chica.
¿Solución? Disminuir la brecha de información entre regalador y regalado de manera de hacer menos ineficiente la compra y el regalo más significativo. ¿Cómo? Para el regalador, estar atento a todos esos mensajes que durante el año va dejando el futuro festejado, con respecto a lo que le gusta y necesita. Para el ulterior cumpleañero, ir dejando esos mensajes de la manera más clara, sutil y frecuente que sea posible.

Wednesday, June 20, 2012

Salario Màximo


¿Porqué estamos discutiendo sobre el sueldo mínimo que un trabajador o trabajadora debiera ganar, si el verdadero problema está en el sueldo máximo al que pueden optar? Determinar si 190, 200 o 250 mil es lo correcto, es secundario al verdadero dilema: ¿Porqué las personas no ganan más?


La respuesta es muy simple. Al igual que los individuos, las empresas (tambièn conformadas por personas) realizan una acción en la medida que estimen que los costos de hacerla sean inferiores a los beneficios. En fácil: Si contrato un nuevo panadero para mi amasanderìa será porque los panes que hace se venden en más de lo que le pago a fin de mes. Si sus marraquetas no me reportan el ingreso necesario para pagarle, tendrè que despedirlo.

La productividad de un individuo (cantidad de bienes o servicios producidos por unidad de tiempo) debe ser mayor o igual que su remuneraciòn en ese periodo.

Esta es la razón que hace perjudicial subir el sueldo mínimo por sobre la productividad. Si una persona no produce en un mes, al menos el valor de lo que gana, no será contratado. Entonces mientras más alto sea el monto que la autoridad obliga a pagar a un trabajador, más personas quedarán inhabilitadas para ser empleadas ya que su productividad no lo justifica. Si el taller mecànico, el almacèn de la esquina o el instalador de TV digital emplea un ayudante al que le tiene que pagar màs de lo que produce, perjudicarà sus beneficios.
Y quiénes son los más afectados? Como siempre los más vulnerables: los chilenos y chilenas con menos educación, menos competencias y, por lo tanto, más pobres.

Monday, May 14, 2012

¿Y cuál es su mayor debilidad?

En la institución en que trabajo, en los últimos 18 meses hemos realizado más de 20 procesos de reclutamiento de personal, recibido cerca de 400 currículum y entrevistado a más de 50 postulantes. Todos ellos han enfrentado la execrable pregunta: "¿Y cuál es su mayor debilidad?". Y a pesar de ser una pregunta completamente previsible, nunca he visto un entrevistado o entrevistada que venga preparado y que dé una respuesta que satisfaga a sus interpeladores. 
¿Respuestas más comunes? "Soy demasiado trabajólico" o "Me comprometo demasiado con la institución" (dato: nadie las cree); "No tengo debilidades importantes"; o sencillamente "no sé" seguido de silencio sepulcral.
Sin duda que es una pregunta incómoda. Todos tenemos debilidades, pero el último lugar donde quisiéramos ventilarlas es en una entrevista de trabajo. La próxima ves que te interese un trabajo y hayas llegado a la instancia de la entrevista personal, considera los siguientes consejos para preparar la odiosa consulta.
Prepara una respuesta, necesitas una. La pregunta es importante para tus futuros empleadores  y tus dudas al responder dicen mucho de ti. Haz que sea breve, honesta, trivial y que no parezca falta. Si es posible, básate en algo que escape a tu control. Por ejemplo, "Mi mayor debilidad es que mis contactos profesionales están en Santiago y pretendo radicarme en La Serena" o "No manejo muy bien el sistema contable X pero conozco perfectamente el Y (similar)".
También debes obtener retroalimentación previa. Somete tu respuesta a la opinión de tus amigos y colegas de trabajo. Más de alguno ya tendrá experiencia en esas lides. Esto te permitará saber si tu respuesta suena bien.
Durante la entrevista, apenas hayas dado tu respuesta, haz una pregunta tú. Dirigiéndote a tu entrevistador con algo como "¿cómo es el clima laboral?" o "¿cuántas personas conforman el equipo de trabajo?", distraerás la atención sobre ti y podrá continuar el proceso, salvando la problemática pregunta, "haciéndola cortita".