Tuesday, February 02, 2010

¿Puede un Vino Barato Ser la Estrella de una Cena?


Traducción del artículo de Tim Harford del sitio Dear Economist escrito el 30 de enero de 2010.

Querido Economista:

Como estudiante de economía, busco impresionar a mi novia con un ajustado presupuesto, y se que no soy el único. Cuando escojo el vino para acompañar la cena, en la rara ocasión en que invito a mi novia a salir, evito elegir la botella más barata, ya que me hace ver...tacaño. Entonces me inclino por la segunda más barata. Pero ahora escucho que restaurantes, habiendo detectado personas como yo, se aseguran de que la segunda botella más barata de su menu sea altamente rentable, un "litreado"  con sobreprecio. Mi mejor respuesta ahora es elegir la tercera opción más barata, al menos hasta que todos empiecen a hacer lo mismo. ¿O me equivoco? ¿Basándome sólo en el precio, cuál es el mejor vino que comprar?

William Nicholson

Querido William:

Tu asumes que el precio del vino y su calidad  pueden ser claramente diferenciados. Esto es razonable, pero equivocado. Neuro - economistas han descubierto, por ejemplo, que aunque los analgésicos placebo funcionan, lo hacen mejor si el receptor cree que son caros. Las bebidas energéticas te dan menos energía si las compras con descuento (en serio). Y por supuesto, el vino sabe mejor si creemos que es caro.
Una posibilidad es no revelarle el precio  a tu novia y decirle que estás comprando uno caro en vez de vino de la casa. Esta es una mentira blanca: Muchas personas prefieren el sabor de un vino barato en catas a ciegas y, alegando que es caro, mejorarás verdaderamente el sabor que ella percibe.
Si tu novia no sabe de vinos, esto funcionará. ¿Si sabe más que tu - lo cual es probable - porqué no le pides a ella que elija? Obtendrás un mejor vino. Y si alegremente despilfarra tu dinero, consuélate: Habrás aprendido una lección sobre ella que podría haber sido más costosa en el futuro.

Wednesday, December 02, 2009

Padres Separados: ¿Sustitutos o Complementos?


Primer acto: Luego de un traumático proceso, una pareja se separa. Segundo acto: El hombre deja el hogar y la mujer asume el cuidado de los hijos. Tercer acto: Motivado por las rencillas y odiosidades mutuas, el hombre deja de visitar a sus hijos y suspende los aportes económicos a la madre para su crianza. ¿Existe alguien que no haya visto esta película? No creo. Entonces corresponde preguntarse: ¿qué incentiva a un padre a dejar a sus retoños sin los recursos que necesitan, emocionales y económicos,  para su crianza?
La situación se puede analizar desde el punto de vista de los bienes económicos sustitutivos y complementarios. Los bienes complementarios son aquellos que en conjunto satisfacen una necesidad (ej. el computador y la conexión a Internet satisfacen la necesidad de navegar por la red). Por el contrario, los sustitutos son bienes distintos que satisfacen una misma necesidad y que no se pueden consumir a la vez (ej. el colectivo o la micro te llevan al mismo lugar pero no puedes ir en ambos).
Un hombre y una mujer, unidos como pareja, actúan como complementos para satisfacer las necesidades de un niño. En distintas combinaciones de cariño, preocupación, compañía y dinero, cada uno aporta lo indispensable para el sano crecimiento fìsico y emocional del infante. En general, el aporte de la madre se inclinará más hacia lo emocional y el del padre, hacia lo material.
Lamentablemente esta situación cambia cuando los padres se separan. Los progenitores ya no actúan como bienes complementarios sino como sustitutos. O concurre el uno o el otro, pero no los dos. El padre, en muchas ocasiones, asume la reprochable y cobarde  posición de suspender las contribuciones (por intermedio de la madre) por verse marginado de la toma de decisiones y presencia permanente ante el hijo. En la disputa de quién le da qué al hijo, el padre tiende a minimizar sus aportes tomando en cuenta que es quien menos contacto tiene con él y para proteger sus ingresos. Como siempre sucede en el caso de bienes sustitutos, cuando disminuye la disponibilidad de uno, se demandará más del otro. En este caso, la madre tendrá doble carga de cuidados y pesos.
Cuarto acto: El padre, mezquino en la pensión alimenticia, invita a su nueva novia de vacaciones, se compra la última zapatilla de Nike y cambia su auto por un modelo nuevo. Todos hemos visto esta escena también. En esta despreciable acción demuestra que considera a su retoño sólo como un objeto en el que hay que gastar en la medida que se obtengan beneficios a cambio. Claramente revela que $1 gastado en él le da mucha más utilidad que $1 gastado en su hijo. ¿Acaso las necesidades de los hijos están por debajo de las propias? Seguro que esta película y su protagonista ganan todos los años el premio a lo peor.
p.s. La elección del sexo de los personajes no necesariamente se manifiesta en la realidad. Hay versiones de la misma con los géneros invertidos.

Tuesday, October 27, 2009

Forjadores del Pensamiento Económico - Gary Becker (1930- )




Durante los dos últimos siglos, la teoría económica ha sido fundamental para explicar la operación de los mercados, los ciclos económicos y el comercio internacional. ¿Pero puede explicar el comportamiento humano? ¿En otras palabras, puede la economía interpretar conductas humanas y sociales como el matrimonio, el cuidado de los hijos, la delincuencia o el racismo? ¿Somos un homo economicus? Gary Becker cree que si.
Nacido en un pequeño pueblo del noreste americano, Becker estudió y enseñó la teoría económica en las principales escuelas de Estados Unidos, Princeton, Columbia y Chicago. En esta última, inspirado por su profesor Milton Friedman, se convenció que la economía era una poderosa herramienta para interpretar los problemas cotidianos de las personas. 
En lo referente a las relaciones sociales o familiares, propuso que el ser humano se comporta racionalmente y hace un análisis de costo y beneficio ante cada decisión que debe tomar. Tomará la opción de mayor utilidad. Por ejemplo, en la medida que una mujer invierta más en su educación y su carrera y trabajo, su remuneración será más alta. Por lo tanto, el costo de tener que suspenderlas para ser madre es más elevado y la consecuencia será una baja en la tasa de natalidad.

Opuesto a la sociología que asigna las causas de la conducta criminal a la injusticia social y las patologías mentales, el Nobel de Economía de 1992 la explica en los mismos términos de análisis individual de utilidad. Una persona va a delinquir en la medida que el beneficio de la falta (ej. el valor de lo robado), sea mayor al costo de hacerlo (la probabilidad de ser detenido y pasar un tiempo tras las rejas). Bajo este prisma, la delincuencia es un comportamiento racional que debe combatirse tomando medidas que lo desincentiven, aumentando el costo de realizarlo. Su propuesta fue una mayor eficiencia en el control policial y el endurecimiento de las penas efectivas: tolerancia cero.

También se ha referido a lo perjudicial que es para la sociedad la discriminación entre personas por sexo, raza, religión u otra característica. Económicamente la definió como la circunstancia en que una persona está dispuesta a incurrir en un costo  adicional para evitar relacionarse con otra. Como resultado de un análisis matemático, concluye que no sólo el discriminado es afectado sino que el discriminador también. En términos sencillos, si alguien de color W está dispuesto a pagar más por no contratar a alguien de color B, va a incurrir en mayores costos de producción y va a tener menos utilidades. Por otro lado, el empleado de color B va a ser perjudicado por recibir un ingreso inferior a los demás.
Gary Becker está plenamente vigente como profesor de la escuela de Negocios de la Universidad de Chicago, como escritor con recientes libros publicados y como columnista en su blog.