Tuesday, September 30, 2008

Marx, Sacúdete en tu Cripta. We are NorthAmerican Brokers...


Luego de décadas de análisis de las políticas económicas capitalistas que tenían a los países europeos y a Estados Unidos montados en un vertiginoso desarrollo, Karl Marx publica, en 1867, el primer volumen de su obra El Capital. En esta predice la caída del sistema capitalista basado en las siguientes premisas.
Dado el galopante crecimiento económico y aumento del número de empresas oferentes en los mercados (situación imperante en esos países durante el siglo XIX), sus márgenes de utilidad se reducirían cada vez más. Ante esto y la consecuente intensificación de la competencia, sólo sobrevivirían los más fuertes, los pequeños productores tendrían que salir del mercado o venderse a su competencia y las transacciones se concentrarían en pocas empresas de gran tamaño. Estas firmas de gran envergadura sustituirían mano de obra por tecnología, tendrían mucho poder para explotar a sus trabajadores y aumentarían los desempleados. Debido a la extensión de este escenario de libertad económica y abuso de la clase asalariada, las protestas laborales serían cada vez más frecuentes, las crisis se repetirían cíclicamente, la economía entraría en frecuentes depresiones y éstas afectarían cada vez a más personas.
En pocas palabras, el capitalismo contenía la semilla de autodestrucción en su propia estructura conceptual y funcional. Ya en su Manifiesto Comunista de 1848 había escrito:

"El desarrollo de la industria moderna horada desde sus pies las fundaciones sobre la cual la burguesía produce y se apropia de producto. Por lo tanto, lo que la burguesía produce, sobre todo, son sus propios enterradores. Su caída y la victoria del proletariado son igualmente inevitables."

Las ideas marxistas fueron paulatinamente sepultadas a través del siglo XX y recibieron su golpe de gracia a partir de 1989. Había predicho el colapso del sistema libremercadista y una revolución mundial. El incumplimiento de la profecía, la capitalización de la China comunista y la caída del bloque soviético condenaron la doctrina por inservible y anárquica. El auge económico a partir de la administración de Bill Clinton y la locomotora americana tirando la economía mundial puso la lápida.
Hoy, la crisis subprime del mercado hipotecario americano y su efecto dominó se extiende por todo el mundo y bota gigantes organizaciones inversionistas como si fueran kioskos de esquina. Corporaciones titánicas, llenas de dólares y con un mercado copado a quien prestárselo, voltearon su mirada hacia un segmento de clientes más riesgoso pero dispuesto. Entre cerebros creativos y directores ávidos de más negocios inventaron una forma de darle validez a esos instrumentos de deuda cuestionables y estos se transaron a través del mundo con seguridad absoluta. Las ventas inmobiliarias se dispararon, las economías hirvieron y la burbuja se infló. Son las mismas corporaciones que con sus toneladas de divisas han especulado con los commodities, encareciendo la vida del ser humano promedio.
Ahora que esas deudas no se pagan, caen quienes prestaron ese dinero y quienes les prestaron a ellos o compraron sus títulos hipotecarios sembrando el pánico financiero, económico y político.
¿Qué dirían ahora los dogmáticos liberales de la doctrina económica que defendieron a ultranza como la receta perfecta de crecimiento y mejoramiento de la calidad de vida de las personas en general? ¿Qué falló? ¿No tenemos acaso gigantes corporativos, formados por compras y fusiones a partir de sus competidores más pequeños? ¿No hay acaso concentración en esos mercados financieros? ¿No es el desarrollo del mercado hipotecario subprime un tarascón desesperado para aumentar la rentabilidad de la industria? ¿No son los millones de ciudadanos promedio, que han visto como el costo de su vida sube y se empobrecen, una clase sobreendeudada y oprimida? ¿Alguien duda de que, de una u otra manera, no habrá ciudadano en el mundo que no se vea afectado por este conflicto? ¿No estamos en crisis y seguramente pronto en recesión? ¿Aunque de mayor gravedad, no es esta crisis subprime otro desequilibrio económico negativo como los que se vienen repitiendo sucesivamente cada década?
Sin duda, Marx fustigaría hoy al capitalismo con evidencia en mano. Aunque evidentemente, en este siglo XXI, nadie recomendaría la receta socialista de economía centralmente planificada como salida a esta crisis, la lección subyacente es clara: sin la regulación apropiada, el capitalismo feroz tiene la semilla de autodestrucción en su propio corazón dándole la razón al Manifiesto Comunista de Marx de hace 170 años. ¿Quién ríe ahora?

Monday, August 11, 2008

Innovación y Creatividad: Atreverse a Eliminar la UF


Nuestras autoridades repiten sin cesar que el crecimiento económico y la mejora en las condiciones de vida de las personas se obtiene, en este siglo XXI, por medio del emprendimiento, la innovación y la creatividad. Desde el PPD se levanta una voz, no innovadora pero si creativa, una vez más, en pos de la eliminación de la UF y seguramente habrá el debate dogmático relativo a la medida. Por un lado se demonizará al escalante instrumento indexado, responsabilizándolo de la opresión de los salarios medios y bajos. Por otro, se le endiosará como baluarte de la estabilidad económica.


La Unidad de Fomento nace en el año 1967 como un instrumento estabilizador de las transacciones financieras en un contexto inflacionario de inestabilidad. Las políticas fiscales y monetarias de la época tenían sumido a Chile (y Latinoamérica) en una escalada de precios incontenible, afectando la estabilidad de las inversiones. Para nivelar la economía y reducir el efecto inflacionario en el ahorro de las personas y las inversiones privadas, nace el sistema de reajustabildad aludido.


30 años después, el contexto económico es totalmente distinto. Los Bancos Centrales legalmente independientes y gobiernos más responsables y técnicos han encausado las variaciones de precios y dominado relativamente a la inflación. Este contexto hace innecesaria la existencia de la UF, teniendo el peso (y otras monedas también) toda la estabilidad necesaria para respaldar los ahorrros e inversiones de los agentes económicos chilenos. Agentes que, además, están en mejores condiciones que hace 3 décadas de prever y asumir riesgos inflacionarios futuros.


Yendo más allá, podemos alegar que la UF se ha transformado en un referente nocivo para la determinación de precios en la economía chilena siendo la responsable, en buena parte, del alto nivel de indexación que ésta manifiesta. El alza de precios en un sector determinado, se replica rápidamente en todo el resto de los ámbitos económicos, aumentando el valor de bienes y servicios que, en otras circunstancias, no debieran haberlo hecho. El vehículo: la reajustabilidad diaria y automática de la UF.


Los precios de viviendas, planes de salud, matrículas de educación, arriendos, créditos, seguros, etc. expresados en UF, al ajustarse instantáneamente, presionan a las personas a esperar aumentos en sus ingresos también para mantener su poder de compra. El hecho de que exista un alza en el nivel de precios ya nos dice que el ingreso de las personas es superior a la cantidad de bienes y servicios disponibles para ellos. Si a esa situación le agregamos un alza inmediata de los sueldos igual al aumento general de precios, tendremos un nuevo apremio sobre el valor de bienes y servicios en el periodo siguiente. En el caso de los salarios, la reajustabilidad debería pactarse en términos de la inflación esperada más que de la pasada (UF).


Es cierto que la globalización nos expone a la inflación generada en el extranjero. En ese tema no es mucho lo que podemos hacer. Pero, aunque nuestro gobierno quiera hecharle toda la culpa, en el caso de Chile, el alza de precios en productos de importación (petróleo por ejemplo) es responsable sólo de la mitad del índice anualizado actual (5% aprox.). El resto lo hacemos internamente, con una economía cuya estructura replica instántaneamente las alzas de precios particulares en todo el sistema y un gobierno que gasta como si estuviéramos en la peor de las recesiones.

Monday, July 28, 2008

Inflación: ¿Porqué tanto alboroto?


No me cabe ninguna duda al respecto de que hay muchas personas en este país que se hacen la pregunta del título de esta publicación. Y es legítimo que lo hagan. Al final, qué mas da que suban los precios de algunos alimentos si puedo consumir otros de menor valor o qué importa que suban los combustibles o la energía si al cabo de unos meses mi sueldo se reajusta de acuerdo a la variación del IPC. Estas triquiñuelas presupuestarias hacen pensar a muchas personas que el aumento sostenido del nivel general de precios no es de mayor gravitación y que toda la agitación mediática al respecto es exagerada. Pero la verdad es que las implicancias son bastantes más profundas y todos nos podemos ver afectados por esta escalada del valor de bienes y servicios.


El efecto más corriente e inmediato es la pérdida de poder adquisitivo y afecta principalmente a los sectores de menores ingresos. Los más pobres gastan casi la totalidad de su remuneración mensual en bienes de consumo y por lo tanto están inmediatamente expuestos a las alzas. Además, la calidad de los empleos del fragmento más desposeído de la población es inferior y, muy frecuentemente, no contempla reajustabilidad salarial automática.


Pero el aumento de precios tambien aflige a las empresas. Estas deben enfrentar mayores costos en los insumos necesarios para su producción (principalmente energía), de capital financiero (la política monetaria eleva las tasas para frenar la inflación encareciendo los créditos) y de mano de obra (los sueldos se reajustan periódicamente según IPC). En la medida que no puedan traspasar completamete estas alzas a sus clientes, verán disminuídos sus utilidades. Si transfieren las alzas al precio del producto final, caerán sus ventas e ingresos.

En el largo plazo tenemos otra secuela que incide en todo ámbito económico. Los procesos inflacionarios han estado, a través del tiempo, siempre ligados a inestabilidades e incertidumbres en los mercados. Esto hace difícil evaluar un proyecto productivo. Al haber inestabilidad y desconfianza en los mercados, se auyenta la inversión y consecuentemente se frena la producción y la creación de fuentes laborales. Si soy inversionista y tengo que elegir dónde pongo mis recursos entre un país con inflación descontrolada y otro con mercados internos estables, ciértamente lo haré en el que me de mayor seguridad. Ese siempre será el con movimientos de precios leves y estacionarios.
Entonces, la inflación descontrolada nos afecta mucho mas allá de lo que muchos vemos. La reajustabilidad automática de los sueldos sólo nos protege en parte en el corto plazo pero los otros efectos nos pueden golpear indirectamente incluso despues de terminado el brote inflacionario. Esto debe incitarnos a todos a contribuir, dentro de nuestras posibilidades, a solucionar este problema: las personas debemos controlar nuestro gasto y evitar el endeudamiento, las empresas aumentar su producción y productividad y el gobierno apretar la billetera.